En Chilecito hay restaurantes que no solo sirven comida, sino que cuentan parte de la historia de una familia. Ese es el caso de Robert A Restó, un proyecto gastronómico que comenzó a finales de la década de 1980 de la mano de Robert Amate, un hombre apasionado por cocinar, recibir amigos y reunir grandes mesas. Hoy, más de tres décadas después, el legado continúa en manos de su esposa y sus dos hijas.
La historia comenzó casi como un juego durante las celebraciones de La Chaya, una de las expresiones culturales más representativas de La Rioja. Robert empezó vendiendo empanadas y papas fritas a amigos y visitantes que llegaban para disfrutar del carnaval y las comparsas. Con el tiempo, aquella idea sencilla fue creciendo hasta convertirse en un restaurante preparado para recibir incluso contingentes numerosos de turistas.

Tras la muerte de Robert en 2019, su hija Moira Amate, hoy con 30 años, asumió buena parte de la conducción del negocio. Junto con su madre y su hermana mantiene vivo un proyecto familiar en el que cada una cumple un papel distinto. “Somos las tres mujeres contra el mundo”, resume Moira al hablar del equipo que hoy sostiene el restaurante.
Uno de los capítulos más particulares de esta historia está en las raíces familiares. Los abuelos de Robert eran de ascendencia sirio-libanesa y se instalaron primero en Famatina, atraídos, según recuerda la familia, por un paisaje y un clima que les recordaban al Líbano. De esa herencia nació también parte de la cocina del restaurante, que todavía conserva recetas familiares de tradición árabe.
Y en esa memoria aparece otro personaje inseparable: “El Diablo”, un hombre que llegó a la familia cuando era niño y terminó convirtiéndose en compañero permanente de Robert. Aprendió sus recetas, trabajó durante décadas junto a él y todavía hoy sigue siendo parte del restaurante. Para Moira, más que un trabajador, es prácticamente un hermano mayor.

Robert A Restó fue pensado además con una visión turística. Su fundador construyó un salón amplio convencido, décadas atrás, de que Chilecito tenía un enorme potencial como destino. Esa apuesta hoy cobra otro sentido con el crecimiento del turismo vinculado al Famatina, el Cable Carril, la Tambería del Inca, las bodegas y los circuitos patrimoniales de la ciudad.
El restaurante también recibió a periodistas internacionales durante el FAM Press más largo en la historia de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), sumándose a los espacios gastronómicos de Chilecito que mostraron su historia y su identidad a comunicadores de distintos países.

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