Ramonita, la artesana de 75 años que volvió al barro tras quedar viuda y hoy mantiene viva una tradición ancestral de Tinogasta

En Tinogasta, Catamarca, la historia de Ramona “Ramonita” Quispe, de 75 años, está ligada al barro desde la infancia. Aprendió observando a su madre, quien elaboraba piezas de arcilla que luego intercambiaban por maíz, carne u otros alimentos. Después de la muerte de su esposo, y con sus hijos ya encaminados en sus estudios escolares, decidió retomar aquel oficio que siempre había querido mantener vivo. “Lo único que me quedaba era ponerme bien los pantalones y decir: soy la jefa de mi casa”, recordó. Desde entonces volvió a trabajar la arcilla y convirtió ese saber familiar en una forma de preservar la cultura local.

Su proceso conserva técnicas completamente artesanales. La materia prima se obtiene directamente del territorio y puede encontrarse en distintos colores, como blanco, rojo, amarillo o tonos oscuros. La piedra arcillosa se deja en agua durante cerca de 15 días hasta que se deshace, luego se filtra varias veces, se transforma en una masa y finalmente se modela a mano. Las piezas pueden requerir entre seis y siete horas de cocción lenta en horno a leña. Rosita explica que sus ollas y recipientes no son únicamente decorativos: sirven para cocinar, beber y preparar alimentos, manteniendo usos que han pasado de generación en generación.

La artesana forma parte de “Tinogasta, Tierra de Sensaciones”, una experiencia del proyecto provincial Catamarca Sensorial que invita a recorrer el destino a través de los cinco sentidos. En el taller “Madre Tierra”, Ramona Quispe muestra a los visitantes cómo trabaja diferentes tipos de arcilla, comparte sus conocimientos ancestrales y permite que cada persona moldee su propia pieza. La propuesta también incluye aromas de hierbas autóctonas, paisajes del Valle de Abaucán y gastronomía local, en un recorrido de aproximadamente dos horas y media. 

Más que una demostración artesanal, la experiencia permite comprender cómo los saberes tradicionales siguen conectados con el territorio. En Tinogasta, el barro no es solo materia prima: es memoria, oficio y una forma de contar la historia de una comunidad. Rosita representa justamente esa continuidad, manteniendo vivo un conocimiento que aprendió de niña y que hoy comparte con viajeros que buscan descubrir Catamarca desde sus texturas, sabores y tradiciones. 

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