En Rosario de la Frontera, al sur de la provincia de Salta, existe un hotel que no solo ofrece alojamiento: conserva 146 años de historia ligada al termalismo argentino. El Hotel Termas de Rosario de la Frontera abrió sus puertas en 1880 y se convirtió en el primer centro termal de Sudamérica, iniciando una tradición de bienestar que todavía hoy sigue siendo su principal sello.
El complejo fue impulsado originalmente por el médico español Antonio Palau y, con el paso de las décadas, se transformó en uno de los grandes destinos de descanso de la Argentina. Presidentes, figuras de la cultura y familias destacadas pasaron por sus instalaciones, mientras el hotel crecía hasta consolidarse como una verdadera ciudad termal, con alojamiento, pabellón de baños, restaurante, capilla, instalaciones deportivas y hasta un casino que funcionó durante buena parte del siglo XX.

Uno de sus mayores tesoros sigue siendo el agua. El entorno dispone de nueve variedades de aguas termominerales, una concentración excepcional que permite desarrollar diferentes experiencias de relajación y bienestar. A partir de ellas, el hotel ofrece baños de inmersión, vapores sulfurosos, fangoterapia, tratamientos de barro, masajes, limpiezas faciales, circuitos de spa y propuestas orientadas al descanso y al cuidado corporal.
Actualmente cuenta con 53 habitaciones, distribuidas entre categorías Standard, Superiores y Suite Termal. El visitante puede contratar alojamiento y complementar la estadía con diferentes combos termales o servicios individuales de spa, lo que permite diseñar una experiencia de acuerdo con el tiempo y el tipo de descanso que busca.

El edificio tiene además un enorme valor patrimonial. Desde su origen fue concebido como hotel y en 2016 fue declarado Monumento Histórico Nacional, reconocimiento que protege uno de los grandes símbolos de la historia turística argentina.
Entre las piezas que mejor reflejan ese pasado aparece su histórico ascensor Roux-Combaluzier, traído desde Francia e instalado en 1920. Más de un siglo después, continúa formando parte del hotel y se ha convertido en una de las curiosidades que más llaman la atención de quienes recorren sus instalaciones. La historia oficial del establecimiento señala que el equipo fue instalado durante una etapa de gran modernización en la que el hotel también incorporó teléfono y otros servicios innovadores para la época.

El complejo también tuvo durante décadas un casino, otro reflejo del nivel de servicios que ofrecía en sus años de mayor esplendor. El registro patrimonial nacional confirma su existencia y señala que funcionó hasta la década de 1980.
Pero Termas no vive únicamente de su historia. El hotel mantiene una propuesta activa con gastronomía regional, naturaleza, caminatas, yoga, piscina, spa y servicios de relajación. El entorno verde de Rosario de la Frontera también rompe con la imagen más árida que muchos viajeros asocian inmediatamente con el norte argentino.

Su filosofía actual busca justamente integrar pasado y presente: no vender solo una habitación o un tratamiento, sino una experiencia completa. Dormir en un Monumento Histórico Nacional, utilizar aguas termales que dieron origen al termalismo argentino, recorrer un hotel con 146 años de funcionamiento y subir en un ascensor centenario convierten la estadía en algo difícil de encontrar en otro lugar.





