Salinas Grandes, el impactante desierto blanco de Jujuy donde la tierra, la sal y la tradición cuentan una historia milenaria

Hay lugares que impresionan desde la primera mirada y Salinas Grandes, en Jujuy, es uno de ellos. A unos 3.450 metros sobre el nivel del mar, después de atravesar la espectacular Cuesta de Lipán, aparece una inmensa superficie blanca que parece confundirse con el horizonte. El salar se encuentra sobre la Ruta Nacional 52, aproximadamente a 65 kilómetros de Purmamarca y 130 kilómetros de San Salvador de Jujuy, convirtiéndose en una de las experiencias más singulares para quienes recorren la Puna argentina.

Según el Anuario Estadístico de la Provincia de Jujuy, Salinas Grandes alcanza una extensión aproximada de 212 kilómetros cuadrados. Por su parte, la información turística oficial describe unas 12.000 hectáreas de planicie de sal a cielo abierto, con una costra suficientemente sólida en algunos sectores para caminar sobre ella. Más allá de las cifras, estar allí permite dimensionar una inmensidad difícil de transmitir únicamente con fotografías.

Su origen se remonta a millones de años. El Gobierno de Jujuy explica que la formación del salar comenzó hace entre cinco y diez millones de años, cuando una antigua cuenca recibió aguas y minerales asociados a la actividad volcánica. Con el paso del tiempo y bajo las condiciones extremadamente secas de la Puna, el agua se evaporó y los minerales quedaron acumulados, formando progresivamente la superficie salina que hoy caracteriza al paisaje.

Pero Salinas Grandes no es solamente un atractivo natural. También es un territorio donde las comunidades mantienen una relación histórica con la tierra y con la extracción de sal. Durante el recorrido, guías locales explicaron cómo los llamados piletones permiten desarrollar un proceso artesanal de cristalización. El agua salada forma inicialmente delicadas películas conocidas como flor de sal y, con el paso de los meses, los cristales aumentan de peso hasta depositarse en el fondo.

De acuerdo con la explicación recibida en el lugar, el proceso completo puede tardar aproximadamente entre 10 y 12 meses. Cuando la sal alcanza el punto adecuado, se utilizan herramientas tradicionales para extraerla, lavarla con la propia agua del piletón y formar posteriormente los característicos montículos blancos. Los trabajadores explicaron que un piletón puede producir aproximadamente entre una y una tonelada y media de sal durante un ciclo, dependiendo de sus condiciones.

Antes de comenzar el trabajo existe también un componente profundamente cultural. Los habitantes explicaron que realizan una ceremonia para pedir permiso y agradecer a la Pachamama, la Madre Tierra. Se abre un pequeño espacio en el suelo y se incorporan elementos vinculados con el trabajo y las tradiciones locales. Es una práctica que permite entender que aquí la extracción no se concibe únicamente como una actividad productiva: forma parte de una relación ancestral con el territorio.

Las comunidades son también protagonistas de la experiencia turística. Turismo de Jujuy identifica paradores administrados por las comunidades de Pozo Colorado y Santuario de Tres Pozos, donde los visitantes pueden contratar recorridos con guías locales, conocer métodos de extracción, comprar artesanías y acercarse a la vida cotidiana de quienes habitan esta región. El Gobierno provincial también ha trabajado con comunidades como Salinas Grandes, San Miguel de Colorados, Pozo Colorado y Tres Pozos para fortalecer el turismo comunitario.

Durante nuestra visita, los guías señalaron además que algunas pequeñas comunidades cercanas al salar cuentan hoy con pocas familias permanentes, mientras que parte de la población se ha trasladado hacia sectores como Santuario de Tres Pozos, donde existe mayor acceso a servicios educativos y sanitarios. La presencia de estas comunidades recuerda que detrás del paisaje fotografiado por miles de viajeros existe un territorio vivo, habitado y trabajado desde generaciones atrás.

Caminar sobre Salinas Grandes también permite observar los piletones, conocer el proceso artesanal y jugar con las famosas fotografías en perspectiva que aprovechan la ausencia de referencias visuales en el horizonte. Argentina Turismo recomienda realizar los recorridos internos acompañados por guías locales y señala que, aunque el salar puede visitarse durante todo el año, entre abril y noviembre las condiciones suelen ser más favorables para caminar debido a la estación seca.

En 2019, Salinas Grandes fue además elegida como una de las Siete Maravillas Naturales Argentinas, reconocimiento que reafirmó su lugar entre los paisajes más extraordinarios del país.

En el marco del fampress internacional que recorre Jujuy, conocer Salinas Grandes permitió descubrir mucho más que un desierto blanco. Aquí convergen geología, producción, comunidades originarias, espiritualidad y turismo. El resultado es un destino impactante que invita a mirar el paisaje, pero también a comprender a las personas que lo mantienen vivo.

@visitjujuy

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