En San José de Tinogasta, Catamarca, funciona Bodega Perro Guardián, un proyecto familiar que combina vitivinicultura, gastronomía, turismo y una historia marcada por los perros que han acompañado a la familia desde su llegada a la región. La enóloga Lara Fidelio contó que sus padres llegaron desde Rosario entre 2003 y 2005 atraídos inicialmente por los cactus, compraron su primera finca en la zona de El Puesto y, después de varios años de pruebas, comenzaron a elaborar sus propios vinos en 2014. Hoy la bodega produce la marca Kamak y fue reconocida oficialmente como la primera bodega registrada como turística en Catamarca.

El nombre del proyecto nace de una leyenda construida a partir de vivencias reales con los perros de la familia. Según el relato de la propia bodega, desde la llegada de esos “perros forasteros” a San José comenzaron a circular historias sobre animales capaces de cambiar de tamaño y apariencia según la hora o el lugar, siempre con una misma misión: proteger los viñedos, el agua de riego, las cosechas, la bodega y a quienes trabajan allí. La leyenda resume esa idea afirmando que Perro Guardián representa a todos los perros que cuidaron, cuidan y cuidarán los sueños de la familia.

Actualmente, la familia convive con 14 perros, aunque durante las experiencias turísticas permanecen resguardados para garantizar comodidad y seguridad a los visitantes. La propuesta se realiza con reserva previa e incluye visitas a los viñedos y a la bodega, degustaciones, experiencias de poda y cosecha, clases de cocina con horno de barro, actividades para familias y opciones de picnic o atardecer. La oferta oficial de turismo de Tinogasta también incluye a Perro Guardián dentro de su circuito de enoturismo.

Además de su identidad ligada a los perros, la bodega se destaca por producir vinos de guarda y partidas artesanales de pequeña escala, con uvas propias cultivadas en la región. Para quienes visitan Tinogasta, Perro Guardián propone algo más que una degustación: una experiencia donde el vino, la historia familiar y el imaginario local se mezclan en un entorno de precordillera que ayuda a entender por qué esta zona de Catamarca viene ganando espacio dentro del mapa enoturístico argentino.





