El turismo también se cuenta con el olfato, el gusto y la memoria. Esa fue la idea central de la conferencia de Eric Barrantes, de Perú, durante el 18.º Congreso Internacional de Periodistas y Profesionales del Turismo, realizado en San Salvador de Jujuy, donde planteó que el periodista turístico puede enriquecer sus relatos si aprende a interpretar técnicamente aquello que prueba, especialmente cuando escribe sobre vinos, destilados y gastronomía.
Su exposición, titulada “Del análisis sensorial al relato periodístico”, partió de un elemento emblemático de su país: el pisco. Barrantes utilizó esta bebida para mostrar cómo la cata puede convertirse en una herramienta periodística y no únicamente en una práctica reservada para enólogos o productores. La programación oficial del Congreso incluyó su conferencia precisamente dentro de las miradas internacionales sobre nuevas formas de comunicar experiencias turísticas.

Para Barrantes, conocer un producto antes de escribir sobre él cambia por completo la profundidad del relato. Un periodista que entiende la uva, el proceso de cultivo, la elaboración y las características sensoriales puede explicar con mayor precisión aquello que está frente a una copa y transmitir al lector una experiencia que va más allá de decir simplemente que una bebida “es buena”.
Ese conocimiento también abre un campo de especialización: el periodismo enológico. Durante su intervención explicó que en concursos de vinos y destilados es habitual encontrar jurados integrados por productores, especialistas y periodistas con formación específica. Para participar en estos espacios, señaló, no basta con trabajar en medios: se requieren conocimientos de viticultura, entrenamiento sensorial y capacidad técnica para evaluar un producto.
La conferencia encontró además un punto de conexión natural con Jujuy. Argentina posee una reconocida tradición vitivinícola y, durante el recorrido de la OMPT por la provincia, los periodistas internacionales han conocido experiencias vinculadas con los vinos de altura, entre ellas la visita a Bodega y Viñedos Jesús Vilte, en Maimará. Para Barrantes, observar directamente el trabajo en las viñas permite entender procesos que luego pueden traducirse en mejores historias.

Desde Perú, utilizó el pisco como ejemplo de esa relación entre territorio, producción e identidad. El Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual de Perú, Indecopi, define el pisco como un destilado obtenido de mostos frescos de uvas pisqueras recientemente fermentadas, elaborado mediante métodos tradicionales y sin incorporar agua, azúcar u otros aditivos. Su denominación de origen reconoce zonas específicas de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y determinados valles de Tacna.
Para su elaboración se permiten oficialmente ocho variedades de uvas pisqueras. Cuatro son consideradas aromáticas: Italia, Moscatel, Albilla y Torontel. Las otras cuatro son no aromáticas: Quebranta, Negra Criolla, Mollar y Uvina. Esta clasificación, explicó Barrantes durante su demostración, es fundamental para comprender las diferencias de aromas y perfiles que posteriormente pueden encontrarse en una cata.
El proceso también tiene reglas específicas. La normativa peruana establece que el pisco debe obtenerse mediante destilación directa y discontinua de los mostos fermentados y posteriormente reposar durante al menos tres meses en recipientes que no alteren sus propiedades. La bebida terminada debe ser limpia, brillante e incolora, características que también pueden ser evaluadas visualmente antes de pasar al análisis aromático y gustativo.

Barrantes llevó esa teoría directamente a la mesa. Frente a los asistentes mostró cómo observar una copa, analizar su transparencia y aproximarse posteriormente a sus aromas. El ejercicio buscaba demostrar que catar no consiste solamente en beber: implica detenerse, identificar sensaciones y construir un vocabulario capaz de transmitirlas.
Ese proceso, sostuvo, tiene una aplicación directa en el periodismo turístico. Cuando un comunicador describe correctamente un aroma, una textura, una preparación o el origen de un producto, puede acercar al lector a una experiencia que todavía no ha vivido. El relato se convierte entonces en una invitación sensorial al viaje.
La conferencia también permitió establecer similitudes entre Perú, Argentina y otros territorios andinos. Barrantes recordó que existen ingredientes, cultivos y tradiciones compartidas, como la quinoa o diferentes variedades de maíz, además de celebraciones y expresiones culturales que atraviesan fronteras. Después de recorrer Jujuy, señaló sentirse más cercano a Argentina precisamente por esos elementos comunes.

Ese vínculo cultural es también una herramienta turística. Un visitante puede sentirse atraído por aquello que es diferente, pero también por aquello que reconoce como familiar. La gastronomía, los cultivos, las fiestas y las bebidas tradicionales funcionan así como puentes entre territorios.
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