Bodega La Calle Oscura: vinos, una casona centenaria y la leyenda de la Mula Ánima en Tinogasta

En El Puesto, Tinogasta, funciona Bodega La Calle Oscura, un proyecto familiar que comenzó a tomar forma en 2016 y que hoy combina producción vitivinícola, turismo y relatos del folclore del noroeste argentino. La bodega fue impulsada por Alejandro Haber, arqueólogo, junto con su familia, y actualmente recibe visitantes en una antigua casa de adobe de más de 100 años, restaurada para conservar su estructura tradicional. Allí se elaboran variedades como Malbec, Bonarda, Torrontés, Chardonnay, Criolla y Cereza, además de blends que forman parte de la identidad de la marca.

Uno de los vinos más particulares nació precisamente de una mezcla poco convencional. Según explicó la técnica enóloga Rodríguez, durante una degustación Alejandro Haber decidió unir Torrontés, Syrah y Bonarda en una misma copa. El resultado le gustó tanto que produjo unas 300 botellas y buscó un nombre que reflejara ese carácter transgresor. Así apareció la referencia a la Mula Ánima o Mulánima, una de las leyendas más difundidas del noroeste argentino, asociada a una mujer condenada a transformarse en una criatura que recorre los caminos de noche arrastrando cadenas y, en algunas versiones, expulsando fuego. La tradición está documentada desde hace décadas en Catamarca y otras provincias del norte. 

Con el tiempo, aquella experiencia familiar dio paso a una finca de una hectárea en Chuquisaca, finca de la banda con 3.5 hectáreas y Pomán, una finca en San Miguel de 8 hectáreas dando paso así a una producción más amplia. La casona que acompaña el viñedo conserva muros de adobe y techos de caña, mientras la bodega funciona en su patio. El espacio comenzó a recibir turistas hace pocos meses, sumando recorridos y degustaciones a una actividad productiva que ya lleva varios años. Para el visitante, la experiencia permite acercarse tanto a los vinos de Tinogasta como a las historias y creencias que forman parte de la identidad cultural del territorio.

La visita a La Calle Oscura muestra una faceta distinta del enoturismo catamarqueño: aquí cada botella también puede contar una historia. Entre viñedos, arquitectura tradicional y referencias a mitos como el de la Mula Ánima, la bodega propone conocer Tinogasta desde su producción, pero también desde ese imaginario popular que todavía permanece vivo en buena parte del norte argentino. 

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