Muy cerca del centro de San Fernando del Valle de Catamarca, un antiguo edificio que durante años albergó dependencias del Registro Civil comienza una nueva etapa. Allí nace Huellas Resto & Hostel, un proyecto impulsado por Celeste Medina y Martín Alanís que busca conservar la memoria del lugar y, al mismo tiempo, convertirla en una experiencia gastronómica y turística con identidad catamarqueña.
El nombre no es casual. “Huellas” hace referencia tanto a la marca que dejó el edificio a través de sus pisos, paredes y arquitectura como a la intención de que cada visitante también deje un recuerdo de su paso por el lugar. La propuesta fue pensada como un espacio donde la historia no se borra, sino que se integra a una nueva forma de recibir a turistas y residentes.

Medina explicó que todo comenzó con la idea de desarrollar un hostel, todavía en proceso de obra. Sin embargo, al recuperar los ambientes y dimensionar las posibilidades del inmueble, el proyecto creció hasta convertirse también en restaurante. Lo que inicialmente iba a ser un servicio para los huéspedes terminó abriéndose al público general, con una propuesta dirigida tanto a catamarqueños como a viajeros de otras provincias y países.
La gastronomía busca ser uno de sus principales diferenciales. El chef es oriundo de Tinogasta y la carta apunta a combinar preparaciones contemporáneas con platos y productos típicos de la provincia. La intención, según sus propietarios, es que quien llegue a Huellas pueda conocer Catamarca también a través del paladar, acompañado por una selección de vinos catamarqueños y productos regionales.

El proyecto también incorpora arte y paisaje dentro de la experiencia. En sus paredes se exhiben imágenes de Catamarca realizadas por el fotógrafo Mario Quiroga, cuya trayectoria incluye exposiciones dentro y fuera de Argentina y trabajos documentales centrados en la identidad local.
La idea es que estas fotografías permitan al visitante recorrer visualmente la provincia incluso antes de salir del restaurante: montañas, pueblos, costumbres y escenas cotidianas forman parte de una ambientación pensada para reforzar el vínculo con el territorio.
Huellas también proyecta sumar música, artistas y bailarines catamarqueños, de manera que una cena pueda convertirse en una experiencia cultural más amplia. El objetivo no es únicamente servir comida, sino generar un espacio donde gastronomía, patrimonio, fotografía, vinos y expresiones artísticas convivan dentro de una misma propuesta.

Otro detalle distintivo de la intervención arquitectónica es un techo corredizo, pensado para permitir la apertura hacia el cielo y aprovechar mejor los patios y espacios interiores. Martín Alanís, arquitecto y copropietario del proyecto, participa directamente en la recuperación y adaptación del inmueble.
La apertura del restaurante representa apenas la primera etapa. El futuro hostel ampliará la propuesta hacia quienes quieran alojarse en el centro de Catamarca y vivir una experiencia integrada con la ciudad, su gastronomía y su cultura.

Para Celeste Medina, Huellas es también un desafío personal. Reconoce que no venía del mundo gastronómico, pero decidió apostar por un proyecto construido “a pulmón”, recuperando muebles, eligiendo cada detalle y transformando un edificio con historia en un lugar pensado para recibir a nuevas generaciones de viajeros.
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