Un viaje de más de 300 años por la Ruta del Adobe Norte de Catamarca: iglesias centenarias, arquitectura de tierra y vinos de altura para descubrir Tinogasta

La Ruta del Adobe Norte, en Tinogasta, propone un viaje por varios siglos de historia de Catamarca a través de iglesias, oratorios, antiguas residencias y bodegas. El circuito forma parte de la tradicional Ruta del Adobe, un corredor de unos 55 kilómetros sobre la Ruta Nacional 60, donde todavía se conservan construcciones hechas con barro, paja y otros materiales locales, algunas con cerca de 300 años de antigüedad. Entre sus paradas aparecen el Oratorio de los Orquera, la iglesia de Nuestra Señora de Andacollo, el Mayorazgo de Anillaco y la Capilla Nuestra Señora del Rosario. 

El Oratorio de los Orquera, levantado hacia 1740, se diferencia porque no fue construido con bloques tradicionales de adobe, sino mediante moldes que permitieron formar muros continuos. Más adelante aparece la iglesia de Nuestra Señora de Andacollo, en La Falda, un antiguo paraje pastoril que con el tiempo quedó prácticamente despoblado; el templo, de estilo neoclásico, fue restaurado en 2001. En Anillaco, el recorrido conduce al Mayorazgo, una antigua residencia y posta de descanso vinculada al movimiento de comerciantes y ganado que cruzaban la región rumbo a Chile. 

Uno de los puntos más destacados es la Capilla Nuestra Señora del Rosario de Anillaco, construida en 1712 y considerada la iglesia más antigua de Catamarca que permanece en pie. Conserva muros de adobe de gran espesor, un altar de barro moldeado y estructuras tradicionales de madera y caña. El templo fue declarado Monumento Histórico Provincial y representa una de las postales más reconocidas del recorrido por su valor religioso y arquitectónico. 

La experiencia puede cerrarse con una visita a Bodega Veralma, a pocos kilómetros de Tinogasta, donde el paisaje histórico da paso al enoturismo. La finca produce vinos y aceite de oliva y ofrece recorridos por sus viñedos, instalaciones productivas y degustaciones. La bodega trabaja además con energía solar, riego por goteo y prácticas de aprovechamiento de residuos orgánicos, mostrando otra cara del territorio: una Tinogasta que combina patrimonio centenario con producción vitivinícola contemporánea. 

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