De arquero y político a creador de restaurantes: Lalo Bustamante convirtió una pasión familiar en tres espacios gastronómicos de Catamarca

La historia de Eduardo Rolando “Lalo” Bustamante no comenzó entre hornos y recetas. Antes de convertirse en el rostro de Lo de Lalo Café Bar, fue arquero de fútbol, integró la selección catamarqueña, participó en actividades gremiales, sociales y políticas y transitó por distintos oficios. Sin embargo, hubo una pasión que permaneció durante buena parte de su vida: la cocina. Con el tiempo, esa afición terminó transformándose en un proyecto familiar que nació en El Rodeo y que hoy tiene presencia también en San Fernando del Valle de Catamarca.

Lo de Lalo surgió como un emprendimiento familiar con una idea sencilla: trabajar con buenos productos y hacer sentir al visitante como en casa. El primer restaurante abrió en El Rodeo, departamento Ambato, y se consolidó con una propuesta de cocina regional, cafetería, pastelería artesanal y atención familiar. La Dirección de Calidad Turística de Catamarca mantiene al establecimiento dentro de su registro de restaurantes y bares turísticos de la provincia. 

Muestra gastronómica

Pero detrás del restaurante hubo una apuesta mucho más larga de lo que puede percibir quien llega hoy a sentarse a la mesa. Bustamante recuerda que la construcción y consolidación del proyecto demandó alrededor de 15 años de esfuerzo económico familiar, con etapas en las que incluso fue necesario recurrir a créditos e hipotecar bienes para terminar las obras y equiparlas. “Lo peor que puede hacer uno en un proyecto es quedarse en la mitad del río”, explicó durante la entrevista, al recordar una etapa en la que las dificultades económicas estuvieron cerca de frenar definitivamente el sueño.

La cocina terminó involucrando a prácticamente toda la familia. Bustamante tiene cinco hijos y cuatro de ellos participan actualmente en distintas áreas del emprendimiento, algunos combinando el restaurante con sus propias profesiones. Arquitectura, administración, cocina y otras especialidades fueron sumándose a un proyecto que, según relata, llega a generar alrededor de 15 puestos de trabajo, una cifra que puede variar de acuerdo con la temporada.

El crecimiento llevó a Lo de Lalo fuera de El Rodeo. En enero de 2024 abrió una sede en Paseo Los Lapachos, en San Fernando del Valle de Catamarca, llevando a la capital los platos que ya habían construido una clientela en la villa turística. Medios locales registraron aquella apertura como una nueva etapa del emprendimiento familiar. 

Periodistas turísticos en visita a Lo de Lalo

Más recientemente surgió un tercer espacio, después de la participación de Lo de Lalo en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Bustamante contó que fueron convocados por su propuesta de comidas típicas y que, una vez terminado el evento, recibieron la invitación para continuar ofreciendo esa cocina a un público en el que confluyen catamarqueños y visitantes nacionales e internacionales.

La carta explica buena parte de su identidad. Allí conviven empanadas catamarqueñas cortadas a cuchillo, tamales, humitas y preparaciones con zapallo, junto con pizzas, cafetería, pastelería y pastas elaboradas en el propio establecimiento, sin conservantes y preparadas para el servicio diario. La intención, asegura Bustamante, ha sido partir de sabores conocidos y darles en algunos casos una interpretación propia.

Uno de los ejemplos es el sorrentino de humita, una combinación en la que un plato profundamente asociado al norte argentino pasa al formato de una pasta rellena. Se sirve con una salsa de la casa que incorpora ingredientes como tomate, crema, aceite de oliva y productos regionales. Es una muestra de la filosofía de Lo de Lalo: respetar la raíz de la cocina catamarqueña, pero permitirse experimentar con ella.

Medallones de Bondiola

La búsqueda de calidad también llevó a Bustamante a capacitarse durante décadas. En la historia que el propio restaurante comparte con sus visitantes se lo presenta como cocinero profesional, maestro pastelero, maestro pizzero y barista, además de docente. Su recorrido alcanzó exposición nacional cuando fue invitado a participar en “Fogones Tradicionales”, del canal El Gourmet, donde mostró una receta regional y los paisajes de El Rodeo. 

Ese reconocimiento no modificó, según cuenta, la manera en que concibe el negocio. “No probamos con el estómago del cliente”, resume al explicar que cada preparación pasa primero por un proceso interno de pruebas hasta alcanzar el resultado que consideran adecuado. Para Bustamante, un buen producto comienza con materia prima de calidad, pero depende igualmente de la receta, la técnica y de las personas que trabajan detrás de cada plato.

La historia del restaurante está, además, estrechamente ligada a El Rodeo. Fotografías, ilustraciones y paisajes de la localidad forman parte de la identidad visual de sus espacios. Incluso integrantes de la familia han participado en el diseño y la representación de aquellos escenarios que acompañaron el nacimiento del emprendimiento.

Para Lalo, sin embargo, el crecimiento nunca estuvo asociado a perseguir una cantidad determinada de sucursales. Prefiere hablar de continuidad, reconocimiento y familia. Su mayor expectativa es que sus hijos mantengan la misma identificación con el proyecto y que aquello que comenzó como una pasión pueda sobrevivir como parte de la herencia familiar.

“Todo lo que va con pasión seguramente no te va a equivocar. Y si lo hacés con mucho amor, mucho menos”, dice Bustamante. Una frase que resume una trayectoria marcada por el deporte, el trabajo, las dificultades económicas y una cocina que terminó encontrando su lugar.

Contacto: la sede original de Lo de Lalo se encuentra sobre Ruta Provincial 4 y Los Claveles, El Rodeo, mientras que en la capital funciona su espacio de Paseo Los Lapachos. En redes sociales puede encontrarse como @lodelalo_bar

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